Los
lunes fueron hechos para extrañar el ayer y esperar el mañana. Los martes
crecen de deseos por que lo que olvidamos el tintero, para no dejarlo pasar en
la próxima vez. Los miércoles llevan el suspiro y las ansias de la mitad del
tiempo. Los jueves cuentan las horas con una sonrisa en la boca y destellos en
los ojos con una ilusión sincera. Los viernes gritan por aquella presencia que
se acerca que parece infinita e inalcanzable como el sol en el cielo. Los
sábados son el reencuentro de una larga espera que se sellan con besos y
abrazos sin fronteras. Y los domingos guardan la tristeza de no haber dicho lo
suficiente o no haber dado más de lo necesario.