Cómo hacerte saber que siempre hay
tiempo? Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo; que nadie establece
normas, salvo la vida; que la vida sin ciertas normas pierde forma; que la
forma no se pierde con abrirnos; que abrirnos no es amar indiscriminadamente;
que no está prohibido amar; que también se puede odiar. Cómo hacerte saber que
nadie establece normas, salvo la vida. Que el odio y el amor son afectos; que
la agresión porque sí, hiere mucho; que las heridas se cierran; que las puertas
no deben cerrarse; que la mayor puerta es el afecto; que los afectos nos
definen; que definirse no es remar contra la corriente. Que querer saber de
alguien no es sólo curiosidad; que querer saber todo de todos es curiosidad
malsana; que nunca está de más agradecer; que la autodeterminación no es hacer
las cosas solo; que nadie quiere estar solo; que para no estar solo hay que
dar; que para dar debimos recibir antes. Que para que nos den, también hay que
saber cómo pedir; que saber pedir no es regalarse; que regalarse es, en
definitiva, no quererse; que para que nos quieran debemos mostrar quienes
somos; que para que alguien sea, hay que ayudarlo; que ayudar es poder alentar
y apoyar; que adular no es ayudar. Que se siente con el cuerpo y la mente; que
con los oídos se escucha; que cuesta ser sensibles y no herirse; que herirse no
es desangrarse; que para no ser heridos, levantamos muros; que quien siembra
muros no recoge nada; que casi todos somos albañiles de muros. Que sería mucho mejor construir puentes; que
sobre ellos se va a la otra orilla, y también se vuelve; que volver no implica
retroceder; que retroceder puede ser también avanzar; que no por mucho avanzar
amanece más cerca del sol. Cómo hacerte saber que nadie establece normas,
¡salvo la vida!